
Para un hombre es difícil ir libre de prejuicio a ver una película como ésta que no disimula nunca que es una comedia para novias y esposas; la escribe, la dirige y la protagonizan mujeres. Pero la verdad, no está mal. No es una maravilla (está lejos de lo mejor de su directora: Cuando Harry conoció a Sally y Sintonía de amor son libretos de Ephron), pero todo funciona a la altura de sus pretensiones: ser una agradable comedia femenina. Meryl Streep es Julia Childs, una suerte de Cordon Blue estadounidense que, en tiempos de la televisión blanco y negro enseñó a todo un país a cocinar con algo de refinamiento. Julie (Amy Adams) es una joven esposa actual, bastante aburrida con su trabajo que se propone la titánica tarea de hacer cada receta de Julia Childs y publicar los resultados en un blog. La película muestra las dos historias —que son reales y transcurren a 40 años de distancia— en paralelo, sí, pero hacia un mismo destino: la posibilidad de superación de una mujer que se sienta más o menos frustrada con su vida. No infeliz, sólo algo frustrada. Ambas mujeres están, de hecho, felizmente casadas y el respaldo que da un matrimonio bien llevado es otra de las hipótesis que comprueba la película. Todo lleva a un final feliz porque esa es una convención del género.